lunes, enero 23, 2006

Las capas psicológicas de las personas

Hay personas que son muy sensibles y se echan a llorar en cuanto algún extraño les dice algo subido de tono (la gente tiende a decir que son débiles). En cambio, hay otros que por muy amigo suyo que seas, nunca llegas a cambiarlos ni un ápice, ni que vean tus puntos de vista... no les llegas al corazón. Hay otras personas que incluso están siempre a la defensiva, como si todo fueran ataques que repeler y defienden a muerte sus ideas, como si de ello les fuese la vida, sin dar nunca su brazo a torcer.

Pues bien, los seres humanos tenemos capas alrededor de un núcleo. Imaginemos el típico mapa de la tierra que veíamos en geología, pues así somos nosotros. En el centro tenemos lo más importante de todo, nuestra esencia, nuestro yo de cuando éramos pequeñitos y frágiles.

Alrededor de ese núcleo se van formando una serie de capas conforme vamos cogiendo experiencia, conforme vamos viendo de qué va la vida. Seguramente por los diferentes golpes que nos vamos llevando, vamos construyendo esas capas para irnos protegiendo de los elementos nocivos externos.

Al igual que oímos muchas cosas pero somos capaces de concentrarnos en escuchar una (imaginemos mucho tráfico, una plaza en la que mucha gente habla y un amigo nos dice algo), alrededor nuestro a lo largo de la vida hay muchas cosas, tanto positivas como negativas, que nos dicen las personas de nuestro alrededor, pero nosotros tan sólo dejamos pasar a nuestro núcleo unas pocas. El filtro son las capas y es mucho más importante de lo que en un principio pueda parecer.

Aquel que no deja pasar nada, que no escucha realmente las críticas, aquel que no se plantea nada de lo que le cuentan sus seres queridos puede parecer muy fuerte, pero en realidad es más deficiente que un sordo. En el otro lado de la balanza está quien pone a la misma altura que su opinión la de un cualquiera que conoce de dos días, y esta persona es tan frágil como una persona con quemaduras de segundo grado al sol.

Cuando un coche se choca contra un objeto, está preparado para deformarse mucho al principio y luego se va haciendo cada vez más consistente hasta llegar a la cabina (donde están los pasajeros), que es cuando se hace más dura. De la misma forma deberían ser las capas psicológicas que tenemos a nuestro entorno:

-Las tonterías las podemos sopesar con cualquiera, podemos hablar con cualquiera sobre cosas vanales y cambiar nuesros puntos de vista. Los conocidos nos pueden cambiar un poco, pero su opinión nunca tendrá tanto peso como la nuestra o la de nuestro núcleo más cercano. No nos afectará casi nada lo que digan o nos hagan.

-Las más importantes, como nuestra conducta, nuestra forma de ser, nuestras acciones con los demás... deberían tan sólo ser tomadas en cuenta en conversaciones con personas más cercanas al núcleo (amigos y familiares crecanos, que se pueden contar con las manos). De esta forma, ese yo interno de niños pequeños, de mucha sensibilidad, queda protegido por nosotros mismos (que se supone que nos queremos mucho) y por nuestro entorno directo que también, supuestamente, nos quiere mucho.

De esta forma, un conocido no puede penetrar hasta nuestro núcleo por muchas cosas que nos diga, pues no le damos acceso para que llegue tan lejos. Por otro lado, aquellas personas en las que sí confiamos, pueden decirnos algo en cualquier momento que sí nos afecte; no por ello poniendo su opinión por encima de la nuestra, sino a la misma altura como para poder sopesarla objetivamente.

Algo tan sencillo como esto le falta a muchísima gente, que a veces se confunde y pone una capa muy fuerte (como el blindaje de un tanque) por fuera, pero luego casi cualquiera que lo conozca un poco lo puede herir (pues, pasada esa capa, se convierte en alguien muy vulnerable); mientras que otros simplemente ponen todas las capas tan duras para que nadie les haga daño, que ya nunca más pueden ser sensibles a ninguna opinión y, por ende, mejorar como personas.

En el punto medio, como casi siempre, está la virtud.