sábado, enero 28, 2006

Pensamiento divergente

Ayer fue el 250 cumpleaños de un tal Wolfang Amadeus Mozart, un hombre que despuntó desde bien pequeño en un arte llamado música. Sin lugar a dudas, fue una persona tan genial como singular, tan excéntrica como famosa en su tiempo, tan inteligente como famoso a lo largo dle tiempo.

De hecho, se dice que cuando era muy pequeño, compuso una pequeña obra y le dijo al profesor suyo que la interpretara. Llegado un determinado momento, el profesor le dijo que eso no se podía interpretar porque con la mano derecha tenía que tocar notas muy a la derecha, con la mano izquierda tenía que tocar unas notas muy a la izquierda y en medio había una nota. Y Mozart le dijo que sí se podía y la tocó: llegado a ese compás, Mozart tocó lo de cada lado con cada mano y la nota del centro con la nariz.

Eso que hizo Mozart, puede parecer una tontería, puede que parezca que era una forma de cachondearse del profesor... pero en el fondo es fruto del pensamiento divergente: Pensamiento que se caracteriza por un proceso de alejarse en varias direcciones, una separación de ideas para abarcar una variedad de aspectos relevantes. Este tipo de pensamiento es frecuentemente asociado con la creatividad puesto que produce ideas y soluciones nuevas (Reber, 2001, 259)

Para ser creativos y salirnos de todo lo que hay alrededor, necesitamos simple y llanamente, pensar diferente. Esa es una constante común de todos los genios, de todas las personas destacadas que han existido a lo largo de la historia. Realmente, si el ser humano tan sólo hiciera lo que hubiera visto antes y pensara como le han enseñado a pensar, la humanidad habría avanzado mucho menos. Tal y como decía (si mal no recuerdo) Shakespeare en El Mercader de Venecia: "Muy poco habré de ser si no supero a mis maestros".

Por último, os dejo con otra anécdota que me he encontrado en internet:

Sir Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Británica y Premio Nóbel de Química en 1908, contaba la siguiente anécdota:

Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un problema de física, pese a que éste afirmaba con rotundidad que su respuesta era absolutamente acertada.

Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo.
Leí la pregunta del examen y decía: Demuestre como es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro.

El estudiante había respondido: se lleva el barómetro a la azotea del edificio y se le ata una cuerda muy larga. Se descuelga hasta la base del edificio, se marca la cuerda cuando el barómetro llega al piso y se mide. La longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio.

Realmente, el estudiante había planteado un serio problema con la resolución del ejercicio, porque había respondido a la pregunta correcta y completamente.

Por otro lado, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de su año de estudios: si obtenía una alta nota, esta certificaría su alto nivel en física, pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel.

Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos para que me respondiera la misma pregunta pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física.
Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunté si deseaba marcharse, pero me contestó que tenia muchas respuestas al problema. Su dificultad era elegir la mejor de todas.
Me excusé por interrumpirle y le rogué que continuara.

En el minuto que le quedaba escribió la siguiente respuesta: Se toma el barómetro y se lo lanza al suelo desde la azotea del edificio, se calcula el tiempo de caída con un cronómetro. Después se aplica la formula h=2gt2.
Así obtenemos la altura del edificio.

En este punto le pregunte a mi colega si el estudiante se podía retirar.

Le dio la nota más alta.

Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me contara sus otras respuestas a la pregunta.

Bueno, respondió, hay muchas maneras, por ejemplo, se toma el barómetro en un día soleado y se mide la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporción, obtendremos también la altura del edificio.

- Perfecto, le dije, ¿ y de otra manera ?

- Sí, contesto: este es un procedimiento muy básico para medir la altura de un edificio, pero también sirve. En este método, se toma el barómetro y se sitúa en las escaleras del edificio en la planta baja. Según se va subiendo por las escaleras, se va marcando la altura del barómetro y se cuenta el número de marcas hasta la azotea. Al llegar se multiplica la altura del barómetro por él numero de marcas y este resultado es la altura. Este es un método muy directo.

- Por supuesto, si lo que quiere es un procedimiento mas sofisticado, puede atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Si calculamos que cuando el barómetro esta a la altura de la azotea la gravedad es cero y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla formula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio.

- En este mismo estilo de sistema, atas el barómetro a una cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puedes calcular la altura midiendo su periodo de precesión.

- En fin, concluyo, existen otras muchas maneras. Probablemente, la mejor sea tomar el barómetro y golpear con el la puerta de la casa del conserje. Cuando abra, decirle: señor conserje, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo.

En este momento de la conversación, le pregunte si no conocía la respuesta convencional al problema (la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares) evidentemente, dijo que la conocía, pero que durante sus estudios, sus profesores habían intentado enseñarle a pensar.

El estudiante se llamaba Niels Bor, físico danés, premio Nobel de física en 1922, mas conocido por ser el primero en proponer el modelo de átomo con protones y neutrones y los electrones que lo rodeaban. Fue fundamentalmente un innovador de la teoría cuántica.

4 Comments:

Blogger DesdemonaRabbit said...

hola dinko,
me gustó mucho la anedocta sobre sir niels bor.
bueno el blog en general, lo encuentro interesante,
saludos, Dez

21:15  
Blogger Todolmundo said...

Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

22:01  
Blogger Todolmundo said...

A mí, en cambio, me ha parecido más encantadora la anécdota sobre Mozart. Era niño, creo que has dicho, cuando la gastó esa travesura a su profesor.
Mozart fue el primer gran compositor que empezó a escribir para el piano, al revés que los músicos de fama de su época, que escribían para el clavecín. También hizo que su protector, el arzobispo Colloredo, le despidiera de su servicio, al que estaba obligado por compromisos contraídos por su padre. Parece ser que el arzobispo lo despidió dándole una patada en el culo. Así Mozart se pudo independizar, y su música fue sólo suya, no de su protector. Aquello, en aquella época, fue un pensamiento totalmente divergente.

Hoy en día, para tener un pensamiento divergente habría que ir directamente contra lo políticamente correcto que es el agujero en que se meten los inútiles incapaces de pensar por su cuenta.

(Nota.- Cuando estaba escribiendo, he pulsado una combinación extraña de teclas por accidente, y se me ha publicado antes de tiempo. No puedo borrarlo. Bórralo tú, Dinko. Un saludo.)

22:03  
Blogger ajihi said...

Un genio se caracteriza por su inteligencia, creatividad y originalidad. Algo original es algo diferente. Y la diferencia a menudo se interpreta como locura. Por eso la genialidad y la locura van muchas veces cogidas de la mano. Supuesta locura, realmente, eso de pensar diferente.
Otra cosa que caracteriza la genialidad y la inteligencia es la falta de ostentación del que las posee realmente. Ya dijo alguien que ahora no recuerdo que "La tontería se coloca siempre en primera fila para ser vista, y la inteligencia detrás para ver."

11:43  

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